ihrp-technical-report-EL DERECHO A LA SOBERANÍA SANITARIAEL DERECHO A LA SOBERANÍA SANITARIA Journal

Journal of Research & Applied Medicine

Revista con revisión de pares

EDITORIAL:
POLÍTICAS SANITARIAS GLOBALES: ¿UN TALLE SIRVE PARA TODOS?

Hirsch, Roberto R. y Carvallo, Héctor E.

https://doi.org/10.55634/5.1.1

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Sacrificar el derecho a diseñar políticas sanitarias propias y adoptar un enfoque de "un modelo sirve para todos" puede generar riesgos importantes para la soberanía, especialmente si esas políticas internacionales son rígidas ono contemplan adaptación local.
Entre esos riesgos, destacan:

1. Pérdida de autonomía decisional
El Estado puede quedar subordinado a lineamientos definidos por actores externos -por ejemplo, World Health Organization, organismos financieros, bloques regionales o incluso empresas transnacionales- aunque esos lineamientos no respondan a su demografía, epidemiología o capacidades institucionales.
Esto puede erosionar una función central de la soberanía: decidir políticas públicas según prioridades nacionales.

2. Desajuste entre política y realidad local
Un protocolo diseñado para países con determinada infraestructura, carga de enfermedad o estructura social puede fracasar en otros contextos.
Ejemplos:

  • Países con alta ruralidad pueden necesitar modelos distintos de acceso.
  • Regiones con enfermedades endémicas específicas pueden requerir prioridades propias.
  • Estados con restricciones presupuestarias pueden necesitar secuencias graduales de implementación.
Si no hay adaptación, la política puede volverse técnicamente inapropiada.

3. Dependencia externa
Cuando la política sanitaria queda atada a estándares, financiamiento, insumos o autorizaciones externas, puede crecer la dependencia en:
  • cadenas globales de suministro,
  • farmacéuticas multinacionales,
  • plataformas de datos sanitarios,
  • financiamiento condicionado.
Eso puede reducir el margen de maniobra ante crisis.

4. Riesgo de "captura regulatoria"
Si normas internacionales son moldeadas por intereses de potencias o actores corporativos, el país puede terminar incorporando reglas que favorecen agendas externas más que necesidades propias.
Esto puede ocurrir en temas como:
  • propiedad intelectual sobre medicamentos,
  • vigilancia digital,
  • protocolos de emergencias,
  • regulación de biotecnologías.
Un ejemplo histórico debatido en este campo es el impacto del acuerdo World Trade Organization y el régimen TRIPS Agreement sobre acceso a medicamentos.

5. Debilitamiento democrático interno
Si decisiones sanitarias pasan a percibirse como "obligaciones externas" más que decisiones debatidas por instituciones nacionales, puede reducirse:
  • el control parlamentario,
  • la rendición de cuentas,
  • el debate público,
  • la legitimidad social.
Eso puede trasladar poder desde instituciones representativas hacia estructuras tecnocráticas externas.

6. Vulnerabilidad geopolítica
La salud puede volverse instrumento de influencia.
Un país que no controla su estrategia sanitaria puede quedar expuesto a presiones mediante:
  • acceso a vacunas,
  • insumos críticos,
  • certificaciones sanitarias,
  • restricciones comerciales o movilidad internacional.
En conflictos o crisis, eso puede transformarse en una cuestión estratégica.

7. Pérdida de capacidad estatal a largo plazo
Si el diseño de políticas se externaliza, puede atrofiarse la capacidad nacional para:
  • producir evidencia propia,
  • planificar respuestas,
  • sostener instituciones sanitarias robustas.
Eso afecta soberanía no solo jurídica, sino capacidad real de gobernar.

EDITORIAL:
GLOBAL HEALTH POLICIES: ONE SIZE FITS ALL?

Hirsch, Roberto R. y Carvallo, Héctor E.

https://doi.org/10.55634/5.1.1

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Sacrificing the right to design a country's own health policies and adopting a "one-size-fits-all" approach can create significant risks for sovereignty, particularly where international policies are rigid or fail to allow for local adaptation.
Some of thoserisks include:

1. Loss of decision-making autonomy
The State may become subordinate to guidelines defined by external actors - for example, the World Health Organization, financial institutions, regional blocs, or even transnational corporations - even when those guidelines do not reflect its demographics, epidemiology, orinstitutional capacities.
This can erode a core function of sovereignty: the ability to determine public policy according to national priorities.

2. Mismatch between policy and local realities
A protocol designed for countries with a particular infrastructure, disease burden, or social structure may fail in different contexts.
Examples:

  • Countries with large rural populations may require different access models.
  • Regions with specific endemic diseases may need distinct priorities.
  • States with budgetary constraints may require phased implementation.
Without adaptation, policy may become technically unsuitable.

3. External dependency
When health policy becomes tied to external standards, financing, supplies, or approvals, dependency may grow in relation to:
  • globalsupply chains,
  • multinational pharmaceutical companies,
  • health data platforms,
  • conditional funding.
This can reduce room for manoeuvreduring crises.

4. Risk of regulatory capture
If international norms are shaped by the interests of major powers or corporate actors, a country may end up adopting rules that serve external agendas more than domestic needs.
This mayarise in areas such as:
  • intellectual property for medicines, digital surveillance,
  • emergency protocols,
  • biotechnology regulation.
A historically debated example is the impact of the World Trade Organization and the TRIPS Agreement regime on access to medicines.

5. Weakening of domestic democracy
If health decisions come to be perceived as "external obligations" rather than policies debated through national institutions, this may diminish:
  • parliamentary oversight,
  • accountability,
  • public deliberation,
  • social legitimacy.
That can shift power away from representative institutions towards external technocratic structures.

6. Geopolitical vulnerability
Health may become an instrument of influence.
A country that does not control its own health strategy may be exposed to pressure through:
  • access to vaccines,
  • critical supplies,
  • health certifications,
  • trade or mobility restrictions.
In conflict or crisis, this can become a strategic issue.

7. Erosion of long-term state capacity
If policy design is externalised, a nation may lose capacity over time to:
  • generate its own evidence,
  • plan responses,
  • sustain robust health institutions.
This affects not only legal sovereignty, but the praccal capacity to govern.

EL DERECHO A LA SOBERANÍA SANITARIA
Informe técnico
Antecedentes, Invesgación y referencias

Instuto Brownstone.

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El deseo de mantener una buena salud y llevar una vida larga y plena une a prác camente toda la humanidad, trascendiendo culturas, creencias religiosas, barreras geográficas y afiliaciones polí cas. Además, la salud es esencial para que cualquier persona pueda vivir una vida mínimamente digna, influyendo en gran parte de la ac vidad diaria y la interacción humana. La salud se define ampliamente en la cons tución de la Organización Mundial de la Salud (OMS) como:

"un estado de completo bienestar sico, mental y social, y no meramente la ausencia de enfermedad o dolencia."

Por lo tanto, la salud pública abarca el esfuerzo por establecer condiciones a nivel comunitario y más amplio para maximizar las posibilidades de gozar de buena salud, a saber:

"El arte y la ciencia de prevenir enfermedades, prolongar la vida y promover la salud mediante los esfuerzos organizados de la sociedad."

Una amplia gama de factores epidemiológicos, conductuales y sociales influyen en la salud, ya sea promoviéndola o deteriorándola. Junto con los patógenos y los factores ambientales que afectan a las enfermedades humanas, muchas influencias epidemiológicas trascienden las fronteras nacionales. Por consiguiente, la cooperación entre los Estados para mejorar la salud de sus poblaciones es un bien global ampliamente reconocido. Resulta lógico coordinar esfuerzos y brindarse apoyo mutuo a nivel mundial. Una cooperación eficiente y eficaz se beneficia de la colaboración entre diversas comunidades para alcanzar obje vos comunes, mientras que los principios humanitarios de solidaridad se ven reforzados por la colaboración entre Estados con mayor y menor capacidad.

La OMS se creó en 1948 para lograr estos fines, tras una serie de organismos y convenios internacionales de salud anteriores. Casi ochenta años después, con núa desempeñando esta función como principal organismo mundial, aunque en un entorno internacional cada vez más complejo y saturado, muy diferente de aquel en el que nació. Estos cambios han impactado inevitablemente a la Organización y su capacidad para cumplir con su come do. La reciente re rada de la OMS de su anterior mayor financiador, Estados Unidos, también modifica significa vamente los recursos y el contexto de sus operaciones.

Este informe examina los fundamentos é cos y de derechos humanos de la cooperación en salud pública, los principios en los que debería basarse la cooperación internacional en este ámbito y, por consiguiente, cómo debería ser una Organización Internacional de la Salud (OHS) mul lateral ideal. Posteriormente, se analiza la OMS conforme a este estándar, junto con su estructura organiza va y su financiación.

THE RIGHT TO HEALTH SOVEREIGNTY
Technical Report
Background, Research, and References

Instuto Brownstone.

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The desire to maintain good health and lead a long and contented life unites virtually all of humanity across cultures, religious beliefs, geographical barriers and poli cal affilia ons. Moreover, health is essen al to the possibility of anyone living a minimally decent life, touching on much of daily ac vity and human interac on. Health is defined broadly within the cons tu on of the World Health Organiza on (WHO) as:

"a state of complete physical, mental and social wellbeing and not merely the absence of disease or infirmity."

Thus, public health encompasses the effort to put condi ons in place at community and broader levels to maximize the chances of good health, namely:

"the art and science of preven ng disease, prolonging life and promo ng health through the organized efforts of society."

A broad range of epidemiological, behavioural, and social influences promote or mi gate against good health. Along with pathogens and environmental factors implicated in human disease, many epidemiological influences are not confined by na onal borders. Thus, coopera on among States to improve the health of their popula ons is consequently a well-recognized global good. It makes good sense to coordinate and assist each other on a global level. Efficient and effec ve coopera on can benefit from several communi es working together to achieve shared objec ves, whilst humanitarian principles of solidarity are supported by collabora on between States with greater capacity and those with less.

The WHO was established in 1948 to achieve these ends, following a series of earlier interna onal health agencies and conven ons. It con nues nearly eighty years later as the central global agency in this role, though in an increasingly crowded and complex interna onal environment very different from that in which the WHO was born. These changes have inevitably impacted the Organiza on and its ability to carry out its intended role. The recent withdrawal from WHO of its previous largest funder, the United States, also significantly changes the resources for, and context of, WHO's operations.

This report examines the human rights and ethical basis for public health coopera on, the principles on which interna onal coopera on in public health should be based, and what an ideal mul lateral Interna onal Health Organisa on (IHO) should therefore look like. The WHO is then examined against this standard, together with its organisa onal structure and funding.